Punto cardinal

lunes, 22 de septiembre de 2008

Para trabajar, cada mañana, conduzco dirección este.
Lo que quiere decir que todas las mañanas
laborables
conduzco en dirección al amanecer.

Llenándome los ojos de sol.

Es una terapia temprana para el día.
Lo que venga después viene precedido de cierta belleza.

Doy gracias a la vista.

Como cuando te veo y te miro con las sábanas distraidas
y el pensamiento en otro lado
muy cerca de mí.

Llevo mis manos de hacia ti
desde primera hora del día.

Visito cada amanecer así.
Tomo notas en la moleskine
que tengo incrustada debajo del cráneo.
En la memoria.
Así.
Para contarte.
Para encontrarte.

Y escaparte alguna ternura olvidada.
Para besarte por duplicado.
Para compartirte belleza.

Para hacer una vida que merezca la pena vivir.

Cada mañana laborable conduzco dirección este,
hacia el amanecer.
Para ser feliz, cada noche conduzco dirección tú,
el lugar donde refugiar el sol.

4 comentarios:

38 grados dijo...

A mi los rayos del sol me hacen ser consciente que lo más simple, es lo que más felicidad me aporta.

Que disfrutes de esos rayos cada día.

Un abrazo de verdad.

Por cierto, me conociste leyendo a tenedoros y cucharos, así que este último post de mi blog te lo dedico con todo mi cariño.

Jon Doe dijo...

Me acordé en cuanto lei el título.

Y lo leí con todo mi cariño.

Otro abrazo para ti, de los de verdad de la buena. :)

Manuel L. Rodrigues dijo...

Saludos desde la otra parte del mundo. Me ha gustado tu blog.

Käel dijo...

yo camino para llegar al trabajo, vivo en el puerto de valparaiso, y el sol refulge a esas horas, bellas horas y cuando no está es el mar quien se abre para regalarnos esa belleza tempranera y doméstica, siempre llego sonriendo. saludos.